Cómo responde el ser humano a los cambios? Mal. Siempre muy mal. Uno de los mitos más difundidos en el mundo entero – el mito del vampiro – refleja esa idea.
¿Qué es un vampiro? Es alguien que, en determinado momento de su existencia, se volvió inmortal. O sea, que a partir de aquel momento su cuerpo no seguirá más el curso normal de la naturaleza; será joven para siempre, podrá vivir el tiempo que quiera, sin tener que lidiar con los problemas relacionados con la edad.
Su único régimen es un poco de sangre todos los días y su único cuidado con la piel es evitar la luz del sol – pero al final, ese es un precio muy pequeño frente a todas las posibilidades de una vida eterna.
Excepto por una cosa: él paró en el tiempo, pero el mundo continúa transformándose a su lado. Todo aquello a lo que estaba acostumbrado empieza a cambiar, él mismo teniendo todo el tiempo del mundo para adaptarse a esos cambios. El vampiro deseó la inmortalidad justamente porque estaba contento con el mundo en que vivía; él no tiene ningún interés en acompañar estos cambios.
La Unión Soviética se desmoronó. Fue obligado a abandonar su amado cigarrillo, (aunque no afectase su salud y es bueno recordar que el vampiro es inmortal), porque se volvió imposible fumar, sea por causa de las leyes, sea por causa de las miradas de los vecinos en los restaurantes. Y lo que es peor: todo el mundo habla de chat, internet, iPod, rave, etc. El vampiro trata de actualizarse, pero todo parece absolutamente complicado, irritante, fuera de propósito. Mira para el ordenador como si mirase un diente de ajo – con horror e impotencia, jamás conseguirá manejar aquello, aunque lo haya intentado varias veces.
Sus amigos están jubilados, pasan los días jugando a las cartas – ellos tampoco saben lidiar con el ordenador, pero no les importa, el grupo envejece junto, tienen los mismos intereses, pueden dividir experiencias.
El vampiro continúa joven. Inmortal. Ahora tiene delante de sí la depresión eterna. Trata de suicidarse, saliendo a pleno sol o mirando los crucifijos, solo para descubrir que eran mitos creados por la iglesia y que no le causan ningún mal.
Le resta apenas un consuelo: todavía hay una figura política sobre la cual sabe todo (porque todos los otros gobernantes del mundo entero cambiaron )